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Por las que no pararon

8M Olmo Calvo

Lina Gálvez

En mi artículo de hace dos semanas sobre la importancia de la brecha salarial, decía que las medidas para combatirla las desgranaría en mi próxima contribución para este periódico. Pero el 8 de marzo salió publicado aquí el manifiesto de Economistas Frente a la Crisis en cuya elaboración participé y que recoge todas las medidas que modestamente creo que hay que poner en marcha de manera coherente para abordar un problema complejo como la desigualdad de género que es lo que finalmente está detrás de la brecha en ingresos entre mujeres y hombres.

Así que, para no repetirme, utilizaré este espacio para explicar que el 8 de marzo paré por todas aquellas que creemos que el feminismo es la mejor herramienta para luchar por la igualdad de género, pero también paré por todas aquellas que no pudieron, no supieron, o no quisieron parar. Sirvan algunos ejemplos, exclusivamente vinculados con el paro laboral que es el único que se podía contabilizar, para visualizar por qué muchas mujeres no pararon el 8 de marzo.

No pudieron parar las trabajadoras del cuidado a mayores y dependientes. Sector precarizado y feminizado donde los haya. Donde, como en el caso de las y los más pequeños, la falta de cuidado es incompatible no ya con la dignidad sino directamente con la vida. En sectores como ese, no había compañeros que pudieran sustituir a sus compañeras a no ser que los directores de las residencias se hubieran puesto a limpiar culos, por ejemplo.

De hecho, no pudieron parar muchas mujeres concentradas en los sectores más feminizados de nuestro mercado de trabajo. En las estadísticas oficiales españolas existen más de 35 ramas de actividad económica, pero dos tercios de las mujeres que estamos empleadas nos concentramos en sólo cinco de esas ramas: comercio, agricultura, servicios personales y domésticos, educación y sanidad. Además, en relación a que tenemos pocas ocupaciones abiertas, el paro femenino sigue siendo superior al masculino. Los últimos datos nos dicen que tres de cada cuatro nuevos parados son mujeres. Por tanto, la presión que sufren muchas mujeres en sectores feminizados y precarizados para no sacar los pies del tiesto es muy grande. Las estadísticas hablan de que mientras el paro siga a los niveles actuales, siempre habrá otras que contratar. Como sabemos, el paro disciplina la mano de obra.

No pudieron parar las trabajadoras de muchos comercios donde el miedo a la represalia, a perder el empleo donde hay cola para entrar, o la roncha de que le quitaran un día de paga sobre sueldos ya de por sí escuálidos, no les compensaba. Aunque conocidas empresas líderes en este sector habían anunciado a bombo y platillo que darían libertad total a sus empleadas para secundar la huelga, lo cierto es que ese anuncio era poco creíble más allá de una operación de marketing en empresas conocidas por tener los techos de cristal más duros en este país a pesar de tener plantillas claramente feminizadas.

Tampoco pudieron parar muchas empleadas de hogar porque para empezar, ellas no tienen los mismos derechos que cualquier trabajador, a no ser que estén contratadas a través de empresas. La mayor parte de las trabajadoras de hogar, en el caso de que estén dadas de alta, forman parte de un régimen especial dentro del Régimen general de la Seguridad social, el Sistema especial para empleados de hogar. A partir de ahí, hablar de derechos incluido el derecho a huelga de estas mujeres, suena a risa.

Pero también hubo quienes no supieron parar. Y aquí están desde las que no pararon porque no tienen conciencia feminista, ni tampoco de que ellas o las personas más cercanas a su persona hayan estado discriminadas dentro de este sistema patriarcal que las desfavorece. Pero también, está muchas que no han tenido acceso a una formación suficiente para despertar su conciencia, que no tienen experiencia en sectores masculinizados donde la movilización y la acción sindical han sido la norma, y que hacen calladamente su trabajo para llevar un jornal a sus familias todos los meses.

Circunstancias diversas, porque las mujeres lo somos, porque estamos entre las personas jubiladas, jóvenes, autónomas, dependientes, funcionarias…Y también entre las privilegiadas que piensan que esto no va con ellas. Las mismas que cuando la crisis estaba matando de hambre a familias completas y echándolas de sus casas, decían que no veían la crisis por ningún lado porque los bares estaban llenos. Los de sus barrios, los de su gente, la gente que no estaba sufriendo la crisis. Pero aunque algunas lo saben, otras no se dan cuenta que dentro de sus privilegios también ellas, o sus hijas, vuelven con miedo a casa si es de noche, también tienen sueldos menores que sus colegas en el caso que estén incorporadas al mercado de trabajo, o también pueden sufrir violencia machista aunque sus recursos para salir de esa situación y taparlo socialmente sean mayores.

Y por último, no me quiero olvidar de las que abiertamente no quisieron hacerla y que alardearon de trabajar a la japonesa porque de esa forma se luchaba más por la igualdad. Algunas políticas del Partido Popular se rasgaron los ojos, que no las vestiduras, para decir que de esa manera se trabajaba más por la igualdad. También por las políticas de Ciudadanos que no consideraban el feminismo como la herramienta principal para luchar por la igualdad.

Pues bien, por todas ellas también paré. También paré por todas las que no reconocen que son líderes o lideresas porque muchas mujeres antes que nosotras hicieron huelgas de hambre, pararon, se jugaron la vida en fábricas que curiosamente se incendiaban, perdieron sus trabajos, sus vidas…lo hicieron luchando por la igualdad, por esa por la que lucha el feminismo, exactamente el feminismo, ningún otro movimiento, más que el feminismo.

Yo hice huelga laboral y huelga de consumo. No pude hacer huelga de cuidados. Así que solo me queda agradecer a todas las que hicieron, también por mí, esa huelga de cuidados.

 

 

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