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Callados como putas

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La expresión viene del silencio que han mantenido las mujeres prostituidas en favor de los hombres que las usan como mercancía. Alguna vez oí en boca de hombres que las amantes son vengativas y que las putas, por lo menos, nunca hablan.

Callados para hablar de ustedes. Para opinar sobre los derechos de las mujeres están en todos los foros. Es curioso tener una opinión sobre algo que no se conoce o se conoce desde el lado del privilegio que da abusar de una mujer en cualquiera de sus formas. No han tenido la capacidad intelectual de conformar un corpus teórico acerca del patriarcado ni del machismo, ni de buscar referentes masculinos, que lo hay, pocos, pero intelectuales que manifestaron públicamente la opresión de la mujer y defendieron conceptos como 'igualdad' o 'discriminación' por sexo los hay. Porque si algo necesitan los hombres es que, para creer algo, se lo diga otro hombre. Lean a John Stuart Mill o a Poulland de la Barre.

De nosotras, las mujeres, ya nos ocupamos nosotras mismas y el feminismo, con una agenda política puesta ahora en los abolicionismos: de la trata y la prostitución, de los vientres de alquiler y del género. Nosotras llevamos siglos organizadas para que la igualdad sea un hecho a pesar de todos los peajes pagados por el camino. No nos sale gratis, la responsabilidad es valiente y la valentía tiene un precio: “Que ser valiente no salga tan caro. Que ser cobarde no valga la pena”.

Lo que tiene que pasar no es que sean aliados, es que hablen de ustedes. Del rol de macho que se han adjudicado y que cada vez tiene menos recorrido. El feminismo es imparable, y el desencuentro con el machismo, ineludible. Las mujeres necesitamos que los hombres se organicen globalmente como movimiento de cambio cultural violento contra las mujeres. Si feminismo termina en -o- el de ustedes puede terminar en -a-, no sé, se me ocurre movimiento tapatista, por eso de empezar por bajar la tapa del váter.

Hablen del papel que tienen en las violencias de género, de cómo lo sustentan con sus discursos machistas. Hablen de su papel como depredadores sexuales, no de los que se esconden tras un árbol por la noche esperando asaltar a alguna presa, que también, sino de los opinadores del físico femenino y de los coleccionistas de mujeres. Opinen acerca de las decisiones laborales de contratar o despedir a mujeres en función de sus tetas, de su edad o de su grado de sumisión. Debatan sobre el número de hombres inútiles con cargos directivos, cargos medios y posibilidades de ascensos. Mírense entre ustedes y hablen de lo propio. Rompan ustedes un techo que no es de cristal, es de escrotos.

Déjennos en paz. Hágannos la vida más fácil y agradable sin necesidad de demandar ego y poder con cada cosa que dicen. Lo que se está oyendo en todos los medios de comunicación por parte de opinólogos reputados y no tanto es, cuanto menos, bochornoso. Eso también es violencia. “Pero es que ahora todo es violencia”. No, siempre ha sido violencia, ahora lo estamos llamando por su nombre. Opinar en contra de los derechos y libertades de una sola mujer es violencia.

Somos el sexo fuerte, el del cambio y la igualdad. No nombres la igualdad en vano para parecer aliado. Habla, pero habla de ti, de los hombres. Que ya las putas están hablando y ustedes, callados.

La expresión viene del silencio que han mantenido las mujeres prostituidas en favor de los hombres que las usan como mercancía. Alguna vez oí en boca de hombres que las amantes son vengativas y que las putas, por lo menos, nunca hablan.

Callados para hablar de ustedes. Para opinar sobre los derechos de las mujeres están en todos los foros. Es curioso tener una opinión sobre algo que no se conoce o se conoce desde el lado del privilegio que da abusar de una mujer en cualquiera de sus formas. No han tenido la capacidad intelectual de conformar un corpus teórico acerca del patriarcado ni del machismo, ni de buscar referentes masculinos, que lo hay, pocos, pero intelectuales que manifestaron públicamente la opresión de la mujer y defendieron conceptos como 'igualdad' o 'discriminación' por sexo los hay. Porque si algo necesitan los hombres es que, para creer algo, se lo diga otro hombre. Lean a John Stuart Mill o a Poulland de la Barre.