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Bankia devuelve 138.000 euros a los herederos de una pareja de preferentistas octogenarios

Un preferentista se manifiesta en la Audiencia Nacional ante el expresidente de Bankia Rodrigo Rato.

Pilar Blázquez

Madrid —

El gran error de Pedro Sánchez fue sentarse todas las mañanas en el banco de al lado de su oficina de Caja Madrid en Jerez de la Frontera (Cádiz). Así forjó su amistad con los empleados de la Caja, que a la postre le llevó a perder los ahorros de toda su vida.

Pedro era un policía nacional jubilado y con una discapacidad visual severa que tenía 89 años en mayo de 2009, cuando le ofrecieron invertir 138.000 euros, todos sus ahorros, en participaciones preferentes. Su mujer, ama de casa, estaba aquejada de hipertensión emocional, fibrosis múltiple e insuficiencia cardiaca. Ambos carecían de conocimientos financieros. “¿Cómo es posible que se le recomiende y se le haga una inversión como las preferentes, de carácter permanente, a una persona que ya tiene 88 años? Le dijeron que era algo especial para los mejores clientes y él se lo creyó”, explica su hija Petra.

El padre apenas fue consciente del engaño, ya que murió el 5 de octubre de 2011. No ocurrió lo mismo con su madre que vio cómo, tras fallecer el padre, no podía acceder a los ahorros de toda su vida. Justo un año después, el 5 de octubre de 2012, ella también falleció. Fue entonces cuando sus cuatro hijos contrataron al Bufete Ortiz Abogados, asociado a la plataforma Denunciascolectivas.com para reclamar lo que “sus padres habían ahorrado toda la vida como hormiguitas”.

Según se explica en la sentencia, con este perfil conservador los afectados no hubieran superado el test de idoneidad, pero ni siquiera se lo hicieron. Además, no era la primera vez que habían sido víctimas de engaño por parte de los empleados de su sucursal de Caja Madrid de toda la vida. De hecho, los 1380.000 euros invertidos en las participaciones preferentes adquiridas en 2009 procedían de otras preferentes similares que contrataron en similares circunstancias en 2004. Hasta ese momento, sus anteriores inversiones siempre habían sido depósitos garantizados y a plazo fijo.

La sentencia también destaca el tamaño excesivamente pequeño de la letra del contrato y su complejidad para clientes minoristas. También ha jugado en favor de estos afectados, la incomparecencia de la directora de la entidad que vendió las preferentes, sin haber justificado esa ausencia ante el juez.

Estos argumentos han pesado para que el juez condene a la entidad a devolver la totalidad de lo invertido más los intereses legales del dinero y también a pagar las costas del proceso. Esta decisión está en línea con la tendencia generalizada en los juzgados de toda España, en los que según aseguró el año pasado en el Congreso la presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, Elvira Rodríguez, los bancos solo están ganando un 5% de las reclamaciones relacionadas con las preferentes.

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