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Vicepresidenta, ¿por qué Doñana sí y l’Albufera de València no?

L'Albufera de València.

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Hace pocas semanas pudimos ver cómo la vicepresidenta Ribera visitaba junto al presidente de la Junta de Andalucía el Parque Nacional de Doñana. Lo hacía para solemnizar el acuerdo al que habían llegado las dos administraciones para poner punto y final a un fuerte desencuentro a cuenta del agua. Doñana, una zona húmeda de importancia mundial, se está secando por haber permitido un desarrollo insostenible en su área de influencia. Creo que el papel de la vicepresidenta ha sido certero: España no se puede permitir destruir un parque nacional como Doñana, aunque solo sea para no pasar vergüenza a nivel internacional. 

Por esto me resulta más incomprensible aún la postura del gobierno de España –a través de la Confederación Hidrográfica del Júcar– respecto a l’Albufera de València, una de las zonas húmedas más importantes de nuestro país. Declarada en 1986 parque natural por la Generalitat Valenciana, forma parte de la Red Natura 2000. Además, desde 1989 es un humedal de importancia internacional en el marco del convenio Ramsar, la red de humedales más importantes del planeta. L’Albufera conforma un espacio único con una gran riqueza en hábitats, paisajes y usos del suelo. Podemos encontrar 22 de los hábitats más valiosos para la conservación en Europa y de ellos, 7 son de conservación prioritaria, como su sistema lagunar. Se reconoce además internacionalmente el valor de su papel para la conservación específica de la avifauna, siendo declarada en 1988 como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Solo en el invierno 22-23 se contabilizaron más de 120.000 ejemplares. Es por tanto, un espacio fundamental en la conservación de la biodiversidad española, europea y mundial.

Sorprendentemente, el mismo gobierno que se preocupa por Doñana declarando solemnemente que España tiene una obligación de conservar sus humedales, está dejando morir l’Albufera. Incumpliendo flagrantemente además la propia normativa del Plan Hidrológico del Júcar que acordamos entre la Confederación, la Generalitat y el Ayuntamiento, un acuerdo que en su día califiqué de histórico porque por fin asignaba un caudal ambiental hibernal para el parque, hasta entonces inexistente. El artículo 13 de las disposiciones normativas es muy claro: como dotación ambiental para el otoño e invierno de este año a l’Albufera le corresponden 34,51 hm3 de agua de los ríos Júcar y Turia. A pesar de esto, la Confederación solo asegura 14,51 hm3. Es decir, 20 hm3 menos de los que están asignados en el plan. La consecuencia ha sido clara: este otoño l’Albufera ha retrocedido casi todo lo que había avanzado en la última década por falta de agua. 

Sra. vicepresidenta, salvar Doñana es fundamental. No puedo compartir más sus palabras y sus acciones en este sentido. Pero l’Albufera de València, una de las zonas húmedas más importantes con más de 20.000 hectáreas de superficie también merece ser salvada. Por favor, y ya como grito de auxilio, cumpla el plan hidrológico para salvar l’Albufera del colapso ambiental al que se dirige y destine los 34,51 hm3 asignados para garantizar su supervivencia hasta la primavera del año que viene. No creo que sea tanto pedir que se cumpla la ley para salvar el humedal más importante de los valencianos y valencianas, y uno de los más importantes de España, de Europa y del mundo. Su credibilidad está en juego.

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