Reportaje

El cine a pedales atraviesa África de norte a sur

El salón de actos de la escuela popular donde se va a realizar la proyección guarda un silencio expectante y eso que el aforo está completo. Aún no ha empezado la película pero parece que el público quiere escuchar qué tiene que decir la bicicleta, cuyo pedaleo se escucha a duras penas, probablemente menos de lo que lo haría un viejo cinematógrafo. Un lejano ronroneo que deja de oírse cuando comienza la proyección.

Algunas personas se acomodan detrás de la bicicleta estática esperando su turno para generar energía. Isabel y Carmelo, los creadores del proyecto Cinecicleta, han colocado un mueble delante del artilugio a pedales, pues se hace raro mover las piernas sin manillín al que agarrarse. Transcurre la película y cada diez minutos hay un relevo, alguien diferente se sube al sillín y empieza a pedalear mientras mira con un ojo la película y con el otro un indicador con números que hay que mantener constantes o la pantalla se fundirá a negro y el público chiflará y se quejará porque ahí no se ve ya nada. Pero eso no sucede y al terminar hay hasta aplausos.

Es un ensayo previo para el gran viaje por África que preparan Isabel y Carmelo, de dos años de duración, y que no arrancarán hasta que no llegue el verano. Partirán de Madrid con destino a la isla de Madagascar, recorriendo en bicicleta la costa oeste del continente africano. Cargarán con el equipo de la Cinecicleta, que consiste en el generador a pedales que hemos visto funciona en el salón de actos de la Escuela Popular de Prosperidad (Madrid), una caja de conexiones con altavoz, que es un reproductor multimedia al que le conectan un pendrive con las películas, los cables, un proyector LED y una pantalla.

En esta ocasión, cinecicletean la película documental de Gonzalo Tapia Las misiones pedagógicas (2007), que entrevista a participantes, ya octogenarios, de aquel audaz plan educativo republicano que llevaba cultura al mundo rural y que sin duda influye en la misión Cinecicleta, según confirma Carmelo. “Aquel proyecto era de tal calado, generosidad, presupuesto, solidaridad y amor por las personas y la cultura, que hoy nos parece imposible tanta entrega desinteresada”, recuerda. “Esas fotografías de Val del Omar y su equipo eternizando aquel brillo en los ojos por la sorpresa y la fascinación por lo no conocido, son un punto de partida y una referencia” para su viaje africano. “Aquellos inocentes y perplejos rostros no son nuestro objetivo primero, pero sí sería bonito poder proyectar en un lugar donde nadie lo hubiera hecho antes”.

Ahora que ya tienen el equipo comprado –a un particular en Inglaterra–, han comprobado que es lo suficientemente ligero como para ser cargado por una sola persona y han experimentado en Córdoba, Sanabria, Santander o Madrid lo bien que funciona, están recogiendo financiación para el viaje y construyendo qué será, cómo será y dónde será. “Proyectaremos donde nos lo pidan y pueda ser, en colegios, centros culturales, festivales, plazas, pueblos... podemos hacerlo casi en cualquier lugar gracias a la portabilidad de la Cinecicleta”. Sin enchufes, sin red eléctrica. Solo es necesaria oscuridad.

Si pueden hacerlo en cualquier lugar, ¿por qué ir a África? “África luce desdentada desde hace siglos –responde Carmelo– debido a los golpes recibidos por nuestras blancas botas. Y aún así, continúan sonriéndonos ¿no es eso una lección reveladora? África sigue alentando la aventura. Allí todo es diferente y tenemos la certidumbre que lo aprendido tragando polvo africano será inolvidable”.

Han preparado un folleto que explica su viaje. Al final, hay un dibujo del continente africano, cosido con una línea roja que marca un posible itinerario, que no será el definitivo. “Hasta Senegal lo tenemos claro, circularemos atravesando Marruecos, el Sahara Occidental, Mauritania y Senegal. Después veremos qué fronteras están abiertas y qué gobiernos no son hostiles. Decidiremos en función de nuestra seguridad y salud. Nos da alergia la línea recta, nos divierte el zigzagueo. Intentaremos poner eso en práctica, no hay prisa y sí ganas de conocer y aprender”. África es un “continente para los improvisadores” y ambos tendrán que acomodarse a la alimentación, las bacterias estomacales, las “mosquitas hambrientas” y a “otras visiones de la vida y la muerte”.

Aquellos misioneros y escuderos pedagógicos que llevaban bibliotecas en maletas, teatrillos y cinematografía en la mochila durante los primeros 30, alcanzaban pueblos aislados cruzando sierras escarpadas a lomos de burros o caballos. No será muy distintos de lo que les espera a esta pareja.

“El primer viaje de las Misiones Pedagógicas”, explica Carmelo sobre el paralelismo con su empresa, “fue desde Madrid hasta Buitrago de Lozoya y se hizo en bicicleta, pero esto lo supimos mucho después, es pura coincidencia”. “Después de unos cuantos viajes en bici, penando y disfrutando en primer plano, no creemos que haya una forma más honesta y sincera de viajar, si acaso caminando. La energía humana es muy poderosa y de un tiempo a esta parte la tenemos relegada, ninguneada, rechazada incluso ¿por qué no recuperarla y usarla en nuestro beneficio, además de contaminar mucho menos?”.

Viajarán a ritmo tranquilo, obligados por la carga pero también por el placer de disfrutar el camino. Necesitan una Bullit –bicicleta de carga con una plataforma trasera– y una mountain bike con el cuadro de bambú, un ordenador, una cámara para documentar el viaje y los seguros. Para comprar toda esta parte del equipo que aún no tienen, buscan un patrocinador fuerte, mientras se trate de una empresa con una política de beneficios justa y, si no lo encuentran, seguirán con ideas de microfinanciación como la venta de camisetas o la hucha en las proyecciones que están realizando en colegios, festivales y pequeños eventos.

Este cine ambulante puede verse, a pequeña escala, como una distribuidora alternativa de películas. Por su evidente conexión, la mencionada Las misiones pedagógicas es una que no faltará en su cartelera. También tienen en mente Baraka o El maquinista de la General. Han de ser filmes con los derechos de autor expirados, en dominio público, bajo una licencia no comercial o que cuenten con la cesión de los derechos por parte de los autores. Además, buscan en concreto un “lenguaje cinematográfico universal” como el que puede hallarse en documentales, el cine mudo o la animación. Y en especial tienen como objetivo conseguir todo el cine local posible. “Uno de nuestros objetivos es entretener y abstraer a los asistentes durante un rato y no creemos que las peticiones del público coincidan siempre con nuestros gustos. Si gusta Jackie Chan, habrá Jackie Chan”.

Durante el viaje, donde vayan consiguiendo conexión a internet, irán narrando esta aventura desde su blog, que arrancará cuando el viaje comience a pedalear.