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Ser feminista es urgente

Claudia Monzó

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Este verano ha estado marcado por el machismo en su versión más feroz. Con 15 mujeres asesinadas entre julio y agosto y un país entero debatiendo si hubo o no agresión de Rubiales. Que alguien lo cuestione nos resulta una agresión en si misma a todas y todos los que respetamos al prójimo desde que nos levantamos y hasta que nos acostamos (con quien nos apetece y de mutuo acuerdo, por cierto).

Ser feminista es simplemente no permitir mofa, agresión, discriminación o similar solo por el mero hecho de ser mujer. De ahí para abajo, nada. Quien cree que una actitud intimidatoria o irrespetuosa hacia otros es tolerable, dista mucho de estar capacitado para transitar en sociedad. Menos aún para desempeñar ningún cargo de representatividad. 

Se han de superar los discursos de aquellos que dicen promover la igualdad, pero sin entrar en la “histeria feminista” o “feminismo radical”. No podemos consentir que el concepto feminismo se desvirtúe o asocie a algo negativo. Porque lo negativo es de lo que el feminismo intenta alejarnos.

El feminismo es defender igualdad. Cada cual lo ejerce como sabe, pero quien no es feminista en absoluto es quien cuestiona su fondo, necesidad o intenta clasificarlo por niveles. No se trata de quien más, sino de que ya está bien de cuántas menos. Que basta de seguir restando y enterrando mujeres asesinadas. De continuar apartando a mujeres válidas por su condición femenina. De acorralar a mujeres solas por haberse atrevido a salir a deshora. De violentar a mujeres jóvenes por creerlas con menos recursos defensivos. De increpar a mujeres valientes por considerarlas radicales de la causa.

Y cada vez que se vulnera la intimidad de alguien, se le ofende, acosa, hiere o asesina, hay que exigir justicia. Y porque resulta que alguna de estas situaciones o todas, les suceden con más frecuencia a las mujeres solo por el hecho de serlo, hay que seguir tomando la calle, enarbolando banderas feministas, propagando consignas, señalando a quienes se ponen enfrente. Porque sigue siendo necesario levantar la voz y visibilizar la desigualdad y lo que implica.

Este verano han muerto asesinadas 15 mujeres que no eran campeonas del mundo, pero a las que sacaron del mundo por ser mujeres. Así de cruel. Y por ellas hay que incendiar también las redes. Sobre todo, por ellas. Que junto al “Jenny estamos contigo”, se visualice el apoyo a esas otras 15 que no pudieron sobrevivir al machismo. 

Porque si consentimos o indultamos un “piquito” de nuestro jefe aunque no nos guste y nos genere rechazo, estaremos abriendo la veda para que cualquier manada salga de caza o, para que a alguien cercano o que alguna vez lo fue, se atrinchere con una de nosotras en un garaje y nos mate. 

Cuando se da por bueno “un piquito” impuesto, cuando se intenta blanquear el momento despojándolo de lo que de invasivo, intimidante y desagradable tiene, se está siendo cómplice de esa agresión.

Las 15 muertas por violencia machista estos dos meses son noticia, pero sus nombres no abren el titular ni aparecen ya en portadas. Porque, tristemente, nos hemos acostumbrado además de a leerlo como sucesos, a que se produzcan estos asesinatos. Y justo por ese desequilibrio, precisamente por esa aberración y también por la falta de humanidad que subyace en quienes ya no se impresionan, ser feminista es urgente. 

Basta de cuestionar la falta de arrojo de alguna mujer en su denuncia o en señalar a su opresor, de tratar de justificar lo supuestamente leve según a ojos de quien o qué labios se rocen. De pretender atisbar satisfacción o disfrute en la reacción nerviosa de quien recibe una embestida deleznable de un superior -en jerarquía laboral, obviamente, porque es a todas luces inferior en ética-. 

Se acabó procesar gestos obscenos como inherentes al ambiente de los aficionados a algunos deportes y, menos aún, a que sea el presidente de una federación deportiva quien los haga. Tocarse los huevos NO puede representarnos ni como país ni como sociedad. Echarle huevos NO hay que recibirlo como un halago, sino como la obscenidad que es. 

Es momento de recordarnos en qué punto estamos y a dónde queremos ir. De poner en valor la lucha de tantas y tantos por acabar con las diferencias, por alcanzar espacios de convivencia en libertad, respeto y tolerancia. 

Sirva este bochornoso episodio para poner la luz larga y que se aprecien las barreras que nos ponen hasta la meta.  Y de verdad que no creo que se haya diluido la gesta conseguida por la Roja, porque la Selección Española ha logrado que las niñas sepan que se puede. Y que, entre todas y todos los que queremos a Rubiales fuera, lograremos que esas niñas interioricen además que no deben tolerar como lo celebran otros o como tunean su victoria. Que se ha de normalizar la presencia de la mujer en todos sitios y no aceptar improperios por ello. Y que el lenguaje nos acompañe: no hay fútbol femenino y fútbol masculino. Es fútbol. Juega el equipo femenino o el equipo masculino de fútbol, pero juegan a lo mismo, al fútbol. Y así en todo.

Por las 15 mujeres asesinadas en lo que va de verano y las 40 en lo que va de año, por las 23 jugadoras de la Selección Española de fútbol, por todas las niñas y mujeres que quieren vivir libres y sin miedo, ser feminista es urgente.

Claudia Monzó

Politóloga

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