Del resort y el sector minoritario

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El mismo día que el Cabildo de La Palma aprobaba la declaración de interés general de un macrohotel que consumiría más agua que Santa Cruz de La Palma, el IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) publicaba su último informe. En resumen, se recuerda a líderes políticos que esta década es decisiva y que no están haciendo lo suficiente para enfrentar una crisis climática que ya está aquí. 

El resort en cuestión es sólo el primero de una lista de macrohoteles e infraestructuras que se están impulsando con la excusa de la recuperación post-volcán, como la disparatada carretera de la costa, enfocadas a transformar la economía palmera y hacerla más dependiente del turismo de masas. Como si estuviéramos en los noventa. Como si no hubiera ejemplos de sobra en Canarias de lo que este modelo ha supuesto para la población y sus recursos.

Por poner uno, mientras Fuerteventura cerraba la Semana Santa con un 90% de ocupación hotelera, la grave falta de agua obligaba al Cabildo a movilizar cubas para garantizar el abastecimiento de la población. O sea, que en la misma isla había un turista con la bañera llena y una majorera que no podía ducharse. Y mientras, los dueños de las touroperadoras lo celebran en su piscina privada.

Los argumentos no son nuevos: nos chantajean con elegir entre crear puestos de trabajo precarios hoy y tener agua potable mañana. Pero seamos serias, ningún modelo económico intensivo en energía y emisiones es una propuesta creíble para el siglo XXI. La propia Comisión Europea apuesta por impuestos a la aviación que irán aumentando progresivamente. En otras palabras, a Canarias llegarán cada vez menos aviones. 

Hace poco veíamos al Gobierno de Canarias celebrando que estas medidas no nos afecten hasta 2030, como quien fuma a escondidas ignorando que son sus propios pulmones los que está perjudicando. Como si no fueran sus hijas e hijos quienes van a sufrir las consecuencias de seguir posponiendo la acción climática. No nos engañemos, esto es sólo una prórroga. Ponerse a montar macrohoteles ahora es como ponerse a abrir fábricas de coches diésel a dos días de que se prohíba su venta, de una falta de visión de futuro brutal. A no ser que formes parte de la minoría que pretende forrarse con un pelotazo urbanístico en unos años y si te he visto no me acuerdo.

Aprovechar el tiempo de descuento para reestructurar todo un entramado económico dependiente del turismo de masas no será fácil, pero es lo que toca. Ya se hizo en regiones mineras, donde una parte importante de la población estaba empleada en el sector. Las instituciones no pueden perder la oportunidad de usar el impulso y los fondos de la recuperación para transformar la economía en una acorde a su tiempo, con planes y convenios de transición justa, promocionando empleos verdes con condiciones dignas y que no dejen a las trabajadoras y trabajadores tirados. Es eso o seguir metiendo monedas en un sector en riesgo y esperar a darnos el taponazo, que hoteles empiecen a cerrar y a dejar a gente sin alternativa laboral.

A medida que avance la crisis climática, las olas de calor y calima, las sequías y los ciclones tropicales serán cada vez más frecuentes; las temporadas de riesgo de incendio ya son cada vez más largas. Aquí sabemos bien lo que cuesta humana y económicamente recuperarse de una catástrofe natural. Nadie olvida el incendio de hace dos años, cuando el Valle se convirtió en un horno de hasta 48ºC y el fuego avanzó dando saltos entre El Paso y Los Llanos. Entonces, ¿vamos a seguir invirtiendo dinero en infraestructuras turísticas que generan cambio climático para después gastar dinero en recuperarnos de los incendios que genera el cambio climático? ¿Cuánto nos cuesta seguir sin hacer nada? De haber aprobado una ecotasa, por ejemplo, sólo en Semana Santa se podrían haber recaudado hasta cuatro millones y medio de euros que podrían usarse para la transición energética o prevención de incendios. Ceder a las presiones de la industria turística tiene un coste que no nos podemos permitir.

La gran mayoría de personas en Canarias, según una encuesta reciente, está dispuesta a modificar su forma de vivir para enfrentar el cambio climático. Tenemos la información necesaria, tenemos las herramientas y los medios para encarar la crisis. Hay un sector minoritario que pretende hacer pasar su enriquecimiento personal por interés general y anclarnos a un modelo caduco con proyectos del siglo pasado. Pero La Palma, y Canarias, quieren futuro.