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¿Una alianza desde Tsipras a Macron? Las elecciones europeas del 26M pueden acabar con el sistema político de la posguerra

El presidente galo, Emmanuel Macron, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras.

Andrés Gil

Corresponsal en Bruselas —

El sistema político tradicional de la posguerra está en “descomposición”. Así lo entiende el número uno del PSOE a las europeas, Josep Borrell, en una entrevista con eldiario.es. Y una salida a esa descomposición es la que ha lanzado el candidato socialista a la Comisión Europea, Frans Timmermans: “una alianza desde Tsipras a Macron”. Es decir, una nueva mayoría alternativa a la gran coalición que ha gobernado la construcción europea desde sus orígenes tras la Segunda Guerra Mundial. 

Populares y socialdemócratas, con apoyos esporádicos de liberales, son los que armaron la arquitectura institucional de la Unión Europea. Pero ahora, según los pronósticos, no tendrán la mitad más uno de los 751 eurodiputados que se eligen este domingo. En la actualidad, cuentan con 401, pero las encuestas les dan unos 330-350, por debajo de los 376 de la mayoría absoluta.

Y, aunque el presidente de la Comisión lo eligen los jefes de los gobiernos de la UE, necesita del voto afirmativo del Parlamento Europeo.

Los populares, como ha dicho en numerosas ocasiones su candidato a la Comisión, Manfred Weber, defienden ampliar la actual gran coalición a los liberales. Los liberales ya entraron en la Comisión de Jean-Claude Juncker, aunque no eran necesarios para gobernar el Parlamento, aunque sí lo fueran para gobernar el consejo europeo, donde cuentan con Gobiernos relevantes, como el de Países Bajos, país que aspira a ocupar el hueco de Reino Unido en cuanto a influencia comunitaria tras el Brexit –si al final hay Brexit–. Pero es que ahora en el Consejo también hay gobiernos ultraconservadores y derechistas –Polonia, Hungría, Austria...–.

Pero ese es el debate que atraviesa a los populares europeos. ¿Seguir fieles a los principios democristianos y huir de la narrativa ultraderechista y de quienes la practican? ¿Seguir leales a los aliados tradicionales de la construcción institucional europea, socialdemócratas y liberales? ¿O dejarse seducir por esa narrativa política que promete irrumpir en el Parlamento Europeo y cambiar de aliados para buscar una nueva mayoría con quienes están pescando en el mismo caladero de votos?

De momento, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, llama “héroe” al hombre fuerte del Gobierno italiano, Matteo Salvini; el primer ministro austriaco y estrella al alza del PPE, Sebastian Kurz, ha gobernado con la extrema derecha hasta que un escándalo ha roto hace una semana el pacto; y Silvio Berlusconi pide que se haga lo propio tras el 26 de mayo. 

Pablo Casado apuntaba ese camino hace semanas. Ganó Andalucía gracias al pacto con Vox, pero el batacazo el 28A parece que les ha hecho reflexionar con vistas a las europeas. “En Europa no hay bloques”, ha sentenciado el eurodiputado Esteban González Pons.

Lo cierto es que mientras que la principal líder del Partido Popular Europeo, la canciller alemana, Angela Merkel, nunca ha buscado acuerdos con su extrema derecha, sino siempre con socialdemócratas y liberales, Berlusconi ya llegó a alianzas con la Liga en el pasado para ser primer ministro. Con la Lega y con la Alianza Nacional de Gianfranco Fini. Y ahora quiere repetirlas.

Hasta ahora, la política europea se había resuelto con acuerdos entre socialdemócratas, populares y liberales para repartirse los cargos de la Comisión y el Parlamento Europeo y garantizarse legislaturas con pocos sobresaltos. Pero si la derecha ahora gira hacia la extrema derecha, sería un cambio fundamental de mayorías en el Parlamento Europeo.

Según las últimas proyecciones proporcionadas por la Eurocámara el 18 de abril, el EPP con los tres grupos ultraconservadores y de extrema derecha (ECR, EFDD y ENF) podría garantizarse el 47,01% de los escaños.

¿Qué pasará a partir del 27 de mayo? ¿Con quién buscarán los populares conformar mayorías? ¿Raíces democristianas y pactos con socialdemócratas y liberales o acuerdos con ultras y soberanistas patrióticos? Los populares europeos se debaten entre sus dos grandes almas. Y, seguramente, el mapa político surgido de las urnas será determinante en la batalla interna.

Pero ese debate también atraviesa a los socialdemócratas, y Timmermans está dando los pasos en esa dirección. “Es lo más llamativo que se ha producido en la política europea”, reconocía Borrell a eldiario.es. “Es lo más llamativo y tiene, por una parte, una razón táctica y, por otra parte, refleja la descomposición del sistema político de la posguerra: los dos grandes pilares, el centro derecha y el centro izquierda con los liberales. La crisis y la ampliación al Este se han llevado por delante ese sistema”.

Borrell explicaba que en la propuesta de su compañero de familia política “también hay consideraciones tácticas. ¿A qué jugamos? ¿Al spitzenkandidat o a mayorías parlamentarias? ¿Jugamos al que más votos populares logra o jugamos al que tiene más diputados que le apoyan? Los líderes deciden a quién proponen teniendo en cuenta el resultado de las elecciones, y lo tienen que tener en cuenta. Porque si proponen a alguien que no tenga la mitad más uno, no vale. ¿Dónde encuentras esta mitad más uno? ¿Tendrás bastante con una coalición de socialistas y populares Ahora ya necesitan a un tercero, y el tercero puede decir: 'Si me necesita a usted, tengo un precio”.

La horquilla que esboza Timmermans, “desde Tsipras a Macron”, tiene connotaciones.

Tsipras, primer ministro griego, de Syriza, candidato a presidir la Comisión en 2014 por la Izquierda Unitaria, encarnó en 2015 una idea de construcción europea alternativa a la dominante, que en aquellos años gestionaba la crisis a golpe de recortes. Pero fue derrotado por la troika, y aquella derrota sirvió de acicate para la hipótesis del desborde por la izquierda. Y Grecia, a día de hoy, como dice el comisario de Asuntos Económicos, el socialista francés Pierre Moscovici, “ ya es un país normal” que está saliendo de los memorandos dictados por Bruselas. 

Y al otro de la horquilla, el presidente francés, Emmanuel Macron, representa el socialiberalismo, un antiguo dirigente socialista que se acerca al centro, que habla de la “Europa que protege” en el sentido amplio de seguridades; que afea a Ciudadanos el pacto andaluz y que piensa en coaligarse, que no integrarse, en el grupo parlamentario de ALDE, el de los liberales tradicionales del Parlamento Europeo.

¿En el medio de ese abanico? Los Verdes, pujantes en buena parte del centro de Europa, que en algunos países –Alemania, Francia– pueden consumar el sorpasso a los socialistas.

Las elecciones europeas del 26 de mayo pueden acabar con el sistema político de la posguerra en tanto que esa entente de socialistas y populares puede perder la mayoría absoluta de la Eurocámara y forzar geometrías variables, tanto hacia la derecha como hacia la izquierda. ¿Desde Tsipras a Macron? ¿Desde Weber hasta Salvini? O se reeditará la histórica gran coalición ampliada con los liberales: un triunvirato Weber, Timmermans y la liberal Magrethe Vestager.

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