EMTREVISTA

Txema Urkijo, exresponsable de Memoria Histórica con Carmena: “Han pervertido el memorial de la Almudena, eso es lo que más me duele”

Manuela Carmena fichó a Txema Urkijo (Llodio-Laudio, 1961) para asesorar a su Gobierno en cuestiones de Memoria Histórica tras la primera polémica por el cambio de nombre de las calles franquistas. Urkijo tomó las riendas después de que la Cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense, que se puso a disposición del Ayuntamiento para elaborar un censo con las calles con nombres franquistas, renunciara a asesorar al equipo municipal. Venía de trabajar con las víctimas del terrorismo en Euskadi, donde estuvo al servicio de la administración con gobiernos de diversos color político.

Ocho meses después de ser cesado como uno de los responsables de la Oficina de Derechos Humanos y Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid y después de una experiencia fallida como candidato de Más País en Bizkaia, Urkijo admite que el Gobierno de Carmena se “separó” de las recomendaciones del Comisionado de Memoria Histórica –el grupo de expertos que contrataron para hacer propuestas en este ámbito– al incluir los nombres de las víctimas. “El Comisionado también era contrario a que solo se hiciera un memorial para todas las víctimas, como ahora plantea Almeida”, matiza después. También lamenta no haberlo tramitado más rápido y hace autocrítica. “No puedo evitar pensar que si hubiéramos hecho las cosas mejor o de otra manera a lo mejor podríamos haber terminado a tiempo, antes de las elecciones”. Ahora, la oficina para la que trabajaba ya no existe. PP y Ciudadanos acabaron con el órgano cuando llegaron al Palacio de Cibeles.

Tres meses después de llegar al Ayuntamiento de Madrid, PP y Ciudadanos paralizaron la construcción del memorial. Luego retiraron los nombres ya colocados y esta semana se ha conocido que no pondrán tampoco una placa con versos de Miguel Hernández. ¿Qué opina de estas decisiones políticas?

Primero, no me han sorprendido porque responden a una postura que ya manifestó el Partido Popular y Ciudadanos en la legislatura anterior. Por otro lado, me da pena que no sean capaces de entender el auténtico sentido del memorial. Me parece que es una cuestión de principios democráticos y de respeto a los derechos humanos más que una cuestión ideológica. No son conscientes de que hay una deuda pendiente con las personas que fueron víctimas porque fueron fusiladas después de consejos de guerra sin ningún tipo de garantía judicial, y esa deuda consiste en la ausencia de reconocimiento no sólo durante los 40 años de dictadura, sino en los 40 de democracia. Hay una pérdida de memoria con ellas y eso es lo que se pretendía saldar con el memorial.

Los familiares de las víctimas denuncian que los cambios impulsados por el Gobierno desnaturalizan su sentido: crear un espacio de memoria para los represaliados por el franquismo.

Para mí también. Se pervierte el sentido por el que fue diseñado y creado. Y a mí me gusta recordar siempre que puedo que el memorial nace a partir de la consideración del cementerio de la Almudena como un Lugar de Memoria. Esto nace de un informe que hace el Comisionado de Memoria Histórica y da una razón: dice textualmente que es porque en sus tapias fueron fusiladas dos mil y pico personas. Incorporar otro tipo de reconocimientos a otros colectivos es mezclar cuestiones que, sin negar la existencia de esas otras víctimas a las que alude el actual Gobierno, creemos que es inaceptable el que se pretenda diluir todo en un solo reconocimiento. Y así lo manifestó el Comisionado, que se mostró contrario a que se hiciera un solo memorial para todas las víctimas [como ha planteado el actual equipo de Gobierno].

El Gobierno de José Luis Martínez-Almeida argumenta que la corporación de Manuela Carmena, de la que formaba parte, se saltó las recomendaciones del Comisionado de Memoria Histórica con la inclusión de los nombres. ¿Por qué no se respetaron esas directrices?

Solamente en ese aspecto. Es cierto que el Comisionado, a la vista de la polémica que se suscitó cuando algunos medios de comunicación concretos denunciaron que entre las personas fusiladas había lo que ellos consideraban chequistas, que habían sido autores de crímenes execrables. El Comisionado dijo: bueno, yo ahí no puedo entrar, yo no puedo decir quiénes pueden estar y quiénes no, quiénes son los buenos y quiénes son los malos, por lo tanto creo que la mejor manera de evitar la polémica es no poner nombres. Y en eso nos separamos. El equipo de Gobierno se separó del Comisionado porque entendíamos que había sólidos argumentos a favor de que incluyera nombres. Los memoriales personalizan a las víctimas. El elemento de personificar a la víctima con nombres y apellidos y crear un pequeñísimo espacio para los familiares tiene un componente de reparación y de justicia que va mucho más allá de las consideraciones que se puedan hacer al respecto. Pero más aún, nos parecía absolutamente rechazable el argumento de que había víctimas buenas y víctimas malas entre las personas fusiladas.

Yo me harté de poner el ejemplo de Euskadi, donde este problema no nos genera ningún tipo de polémica. Dentro de las víctimas del terrorismo hay gentes que en vida fueron también victimarios, como Melitón Manzanas, que fue un torturador y que luego fue víctima; o como fueron miembros de ETA, que fueron victimarios, pero que a su vez murieron como consecuencia de atentados terroristas y que están reconocidos como víctimas en un memorial en Vitoria que recoge los nombres de todos ellos. Y ahí están, con otras víctimas tan inocentes como puede ser la de Miguel Ángel Blanco, como puede ser la de Gregorio Ordóñez. Y el Partido Popular en el País Vasco no tiene ningún inconveniente en elegir ese memorial para celebrar el Día de la Memoria. Los últimos años lo viene haciendo así, con lo cual demuestra que no plantea un problema moral porque ya está aceptado que lo que une a todas las víctimas es justamente su condición de tales.

El Comisionado propuso dos memoriales, uno para las víctimas entre 1936 y 1939 y otro para los años de posguerra, para reconocer la represión que sufrieron. ¿Se planteó su oficina hacer este segundo memorial?

Teníamos serios problemas para hacer el primer memorial como para plantearnos el segundo. El primero era el memorial que queríamos hacer, porque era el que obedecía a la propuesta original del comisionado y que nos parecía más urgente por la ausencia total de reconocimiento de esas víctimas frente a un otro colectivo de víctimas del Frente Popular en Madrid republicano entre 36 y 39 durante la guerra, que ya habían tenido una suerte de reconocimiento y de reparación por parte de la dictadura. Es cierto que había que plantearse cómo la democracia podía hacer ese reconocimiento a sus víctimas, pero también que la urgencia, la deuda moral, existía con los que no había tenido ningún tipo de reconocimiento y, por tanto, era una cuestión de prioridad.

Aunque quiero dejar muy claro que nosotros en ningún momento hemos pretendido distorsionar la historia. Es absurdo. No negamos la existencia de varios miles de personas que murieron asesinadas. Se cometieron graves violaciones de derechos humanos en el Madrid republicano. Probablemente haya que tener en cuenta el contexto, un contexto de guerra, un contexto de bombardeos de Madrid, un contexto de falta de poder, de control efectivo por parte de los poderes públicos en los primeros meses después del golpe militar, etcétera, etcétera. Eso habrá que tenerlo en cuenta, pero eso no oculta la realidad de esas personas asesinadas. Y la democracia tiene un debate pendiente respecto a cómo tratar a esas víctimas que sí fueron reconocidas y ejecutadas por la dictadura. Pero hace falta ver cómo desde la democracia se afronta. Ese es el planteamiento. En ese debate estamos completamente abiertos y el Comisionado estaba dispuesto a que se hiciera también un estudio riguroso para ver de cuánta gente estamos hablando. Son contextos diferentes que requieren tratamientos diferentes, sin negar ninguno de los dos, pero tratamientos diferentes.

¿Por qué se retrasó tanto la licitación del proyecto? ¿Hubo resistencias dentro del Ayuntamiento para que el memorial saliera adelante?

Yo no puedo afirmar que existiera eso. Que hubo lentitud, sí, pero que esa lentitud fuera debida a resistencias internas no lo puedo asegurar. Me sorprendió la lentitud de este procedimiento administrativo, pero no tengo ninguna prueba para asegurar que se pueda tener algún tipo de voluntariedad. Lo cierto es que nosotros también cometimos errores. Por ejemplo, inicialmente en la escultura los troncos estaban colocados de pie y formaban una especie de cabaña. Era la idea original del artista. Sin embargo, cuando estábamos tramitando el expediente en un momento determinado, el artista nos planteó que había tenido un idea y que era mejor que los troncos estuvieran caídos. Entonces nos pareció bien. Dimos el visto bueno porque nos gustaba, pero no nos dimos cuenta de que suponía una modificación. Nos dimos cuenta cuando ya estábamos en condiciones de ir casi a firmar el contrato. Y tuvimos que volver a empezar, ya que tuvimos que reproducir todo el expediente con todos los pasos, cada uno de los pasos, con todos los tiempos, con todos los trámites, y eso nos retrasó mucho. Probablemente si no hubiéramos cometido un error o a lo mejor nos hubiera dado tiempo a preguntarte cuándo, cuando cierren la oficina.

El nuevo Gobierno de Madrid eliminó la Oficina de Derechos Humanos y Memoria Histórica. ¿Qué labores tenía esta oficina?

La oficina asumió una responsabilidad fundamental, por ejemplo, de promover la ejecución de las propuestas del Comisionado aparte de llevar a cabo otro tipo de iniciativas que tenían que ver con una política pública de memoria que generábamos nosotros mismos. En la actualidad eso, como se estaba tramitando en aquel momento, es de presidencia de pleno o tercera tenencia de alcaldía, que era el puesto del cargo que ocupaba Mauricio Valiente, ahora lo está llevando la Presidencia de Pleno, o sea, Borja Fanjul.

El Ayuntamiento de PP y Ciudadanos dijo que había funcionado como una “correa de transmisión del sectarismo”.

Supongo que tenía que justificar el por qué la eliminaron, pero bueno, yo retó a cualquiera a que me ponga ejemplos en las actuaciones de la oficina de un solo elemento de sectarismo. Entiendo que cuando uno toma una decisión tiene que venderla y le da igual si responde a la verdad o no.

La gestión de Carmena en Memoria Histórica fue polémica. Primero tuvo un desencuentro con la Cátedra de la Memoria Histórica de la Complutense en la lista de calles con nombres franquistas y después algunos cambios se pararon en los tribunales. También hubo tensiones dentro del Comisionado, que se disolvió en 2018. ¿A qué lo atribuye?

Eso obedece a que las cuestiones de Memoria en general son polémicas. En general son conflictivas. Pero es que además, en Madrid hay ciertos sectores que son muy sensibles a estas cuestiones, sobre todo aquello que era más inmediato y más urgente, que tiene que ver con lo simbólico. Lo simbólico tiene una fuerza, una potencia enorme para bien y para mal. Me remito a los resultados electorales para entender que claro que había algún sector que no estaría cómodo con la retirada. Sin embargo me gusta recordar que el acuerdo de revisión del callejero contó con el apoyo de tres grupos parlamentarios, tres grupos municipales de cuatro y la abstención del cuarto, el PP. Es decir, ni un solo voto en contra.

Eso implica una legitimidad política y una legitimidad social y ciudadana muy importante y que avala el trabajo que hizo el Comisionado, que recibió críticas de algunos sectores que querían que el cambio hubiera sido más extenso, más amplio. Nosotros dijimos claramente que no se trataba de hacer una limpieza ideológica del callejero, sino de una aplicación estricta de lo que determinaba la Ley de Memoria Histórica, que era aquellos nombres que suponían o evocaban una exaltación de los que solamente se señalaba la sublevación militar, la guerra civil o la represión de la dictadura. Y que después de hacer esa criba bastante sensata e incluso prudente, resultaron afectados cincuenta y dos nombres dice mucho de cuál era la situación.

¿Qué sectores no encajaron bien, a su juicio, esas política de Memoria?

Una derecha que había aceptado muy mal la pérdida del poder y que estaba dispuesta a utilizar cualquier cosa para revolverse contra lo que ellos consideraban casi una ocupación.

¿Se equivocó Carmena en la gestión de esta área? ¿Qué autocrítica hace ahora que ya está fuera del Gobierno?

Es probable que no se gestionara bien porque no había una concepción de política pública de Memoria desde el principio clara. Eso habría contribuido a que las cosas se hubieran hecho mejor. Si uno coge el programa electoral de Ahora Madrid, hay que rebuscar para encontrar los temas de Memoria. Tal es así que cuando se hace la organización, dentro de la estructura orgánica del propio Ayuntamiento, no hay una atribución específica. Luego eso lo asumió Cultura. Cuando se genera la polémica es cuando Manuela [Carmena] dice bueno, lo llevo yo. Mauricio Valiente estaba trabajando los temas de Derechos Humanos y entonces se vio que podían estar en el mismo sitio. Se creó el Comisionado y a partir de ahí lo que se hizo se hizo bastante bien dentro de lo que supone una legislatura con un equipo de gobierno sin experiencia y con muchísima gente interesada en que las cosas salieran mal. Por eso creo que el balance final es razonablemente satisfactorio.

¿Cómo fue la relación con el Comisionado? ¿Considera que el fin de su trabajo, en 2018, fue abrupto?

Fue el propio comisionado quien consideró que ya había realizado los trabajos para los cuales se había creado y que se le habían encomendado, y entonces decidió poner fin a su actividad. Es verdad que se produjo en un momento muy polémico, precisamente consecuencia de esta historia de lo del memorial, porque fue una situación donde una vez más hubo sectores muy deseosos de generar crispación y de utilizar ese tema para desgastar políticamente al Gobierno de Manuela Carmena. Es clarísima la penosa utilización de este hecho.

El comisionado fue permeable a las presiones mediáticas y políticas que hubo y lo que había sido un funcionamiento muy homogéneo, muy de piña, muy de consenso entre ellos, se empezó a resquebrajar. Eso generó una cierta incomodidad, un cierto malestar que aceleró probablemente el final. Sí, porque lo que está claro es una cosa que ellos eran conscientes de que era un órgano asesor y, por lo tanto, lo que hacían era proponer. Es verdad que el Ayuntamiento asumió las propuestas del comisionado sin ningún tipo de problema y la única en la que se separó fue el tema de los nombres. Si alguien piensa que poner los nombres es el elemento que pone patas arriba al comisionado, me parece una exageración. Realmente ya entendían ellos que no había más trabajos a realizar y que era un momento oportuno para terminar, que se avecinaban las elecciones, que el clima político se iba a enrarecer mucho y que eso les podía salpicar. Tampoco querían que su trabajo quedara manchado por la polémica política.

¿Siente como un fracaso que no se terminara el memorial ahora en disputa?

Pesa. Y ahora, después de lo que ha pasado, no solo me pesa un poco sino muchísimo. Ese puñalito me lo llevo. Se me queda clavado. No puedo pensar que si hubiéramos hecho las cosas mejor o no sé, no sé de otra manera, a lo mejor podríamos haber terminado.

El Tribunal de Cuentas investigará la gestión de Almeida con el memorial. El abogado Eduardo Ranz les acusa de un delito de prevariación por cambiar el monumento en el proceso de construcción. ¿Esa denuncia puede tener recorrido? ¿Se va a dilapidar dinero público en esto?

Yo creo que no tiene mucho recorrido. Desconozco los términos de reajuste del contrato, de modificación del expediente del contrato, pero nosotros hemos hecho un estudio legal en profundidad del asunto y no encontramos nada. Podrás imaginarte si hubiera habido o si hubiéramos visto un resquicio, hubiéramos ido con ello. Claro, no lo sé y no lo sé bien. Estamos hablando de una decisión de carácter administrativo. En el mejor de los casos puede ser que el Tribunal de Cuentas diga que se utilizó mal el dinero público. Para mí lo importante es que hayan sido capaces de pervertir el memorial, de resignificar el memorial con lo que supone eso para las personas que tenían ya la esperanza de ver ahí colocado el nombre de sus familiares. Si a eso añades que físicamente había ya un montón de nombres colocados, es aún más cruel. Eso es lo más importante, más que el dinero que costó o dejó de costar. Eso es lo que más me duele.

¿Ha estado en contacto con los familiares de las víctimas?

He mantenido contacto con ellos desde el principio. Empezamos a ir de la mano. Estamos firmemente decididos a reivindicar esa memoria a pesar de la resignificación. Sigue siendo el memorial de los familiares de las personas fusiladas por la dictadura y, a pesar de todo, no nos lo van quitar. Tenemos que convencer de que ese memorial no trataba de imponer, sino de explicar. Creo que tiene que haber gente capaz de desarrollar un mínimo de empatía necesario para entender el significado de eso. No hay espíritu de revancha. No hay ningún tipo de odio ni ningún tipo de sectarismo. Es algo que tan evidente si te quieres acercar sin prejuicios a ello que yo no pierdo la esperanza de que haya gente que pueda recapacitar y decir: tiene sentido dar esa satisfacción de esa pequeña reparación moral a los familiares de las víctimas.

¿Cómo se consensuaron los textos que ahora se retiran, entre ellos el poema de Miguel Hernández?

El plan era que hubiera tres placas que explicaran el propio memorial. No se puede hacer una escultura sin decir que es lo que es. La primera explicaba el contexto histórico, la represión después de la Guerra Civil. La segunda decía: en memoria de las personas que fueron fusiladas en el pueblo de Madrid. Y la tercera eran los versos de Miguel Hernández. Ahora las placas estarán lisas, sin inscripciones. Estas decisiones se tomaron con los familiares. Siempre ha habido un intercambio fluido entre la oficina y la asociación Memoria y Libertad.

¿Cómo se eligió a Fernando Sánchez Castillo para crear esta obra?

Era un nombre que tenía ya una trayectoria importante y en los temas de Memoria, es decir, no solamente era un artista de cierto renombre. Eso nos parecía que era un elemento clave para que sintonizara con el planteamiento del memorial. Tuvimos que justificarlo administrativamente y pusimos blanco sobre negro en los correspondientes informes por qué lo habíamos elegido. Antes de empezar a trabajar, lo primero que hizo fue entrevistarse con los familiares. Tuvo muchísimo contacto con los familiares.

¿Por qué el contrato se firmó con la Empresa de Servicios Funerarios de Madrid y no directamente con el Ayuntamiento?

Yo creo que con eso aceleramos. Pero luego, como la obra iba a ser en el cementario, era más fácil que tuvieran la competencia. No recuerdo con precisión cómo se planteó, pero lo plantearon algunos técnicos e hicimos una especie de encomienda de gestión. No era eso exactamente pero algo parecido. Eso redujo los tiempos. No teníamos una estructura propia de tramitación técnica en la la oficina. En el último año se contrató a una técnica y dos auxiliares, además de Rafael Escudero y yo. Si lo hubiéramos tenido otro gallo hubiera cantado. Eso fue fruto de lo mismo que comentamos antes, que no se diseño desde el principio una política pública de Memoria.