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Vuestra carencia de fe resulta molesta

Jugando al tenis en la mesa del comedor

Elena Cabrera

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Que me dice mi padre por teléfono que lo del Gobierno es un sindiós, que no se ponen de acuerdo, que cada uno solo tira para lo suyo, que si primero dicen una cosa y luego la otra, que hablan más de lo que hacen y hacen menos de lo que parece. Y yo me callo y pienso: pues si te parece que el Gobierno lo hace así, tendrías que ver cómo son las noches en mi casa para encontrar una película que nos guste a todos.

El verdadero problema de la clase media en España es que tiene demasiado para elegir. La libertad consiste en poder escoger entre ver una película de Netflix o una de Amazon Video. La democracia es el poder que nos otorgamos a nosotros mismos, como ciudadanos de un mundo sin barreras, sobre el mando a distancia. Qué digo libertad, voy más allá: la felicidad. ¿Qué es la felicidad si no un televisor conectado a un cable? ¿Quién quiere derechos fundamentales teniendo plataformas y tarifa plana?

Como dice un amigo mío, del que os hablaré más adelante: “Ten cuidado de no ahogarte con tus propias convicciones”.

Cuando cae la noche, en casa nos proponemos ver algo que nos guste a todos. A estas alturas del confinamiento ha quedado claro que eso es imposible. Alberto quiere ver películas chungas en las que una amenaza desconocida e invisible atenaza de miedo a los protagonistas. Yo quiero ver películas de intriga con detectives y mujeres malvadas, y Eleonor solo quiere ver películas de risa (a ser posible que incluyan movidas tontas y chistes escatológicos). Después de 45 minutos discutiendo, con la oposición en bloque votando no a todas las proposiciones no de ley, acabamos viendo un capítulo de la serie de burradas y estupideces Jackass. Solo espero que no les pase lo mismo en el Consejo de Ministro.

Transcurre la Semana Santa por nuestra cuarentena como un tambaleante paso de la procesión del silencio en un pueblo de la España vacía. Hoy me he levantado antes que nadie, he abierto el balcón y he inspirado la tranquilidad del Madrid durmiente, introduciendo en mis pulmones una dosis baja de dióxido de nitrógeno. Y, en ese momento, me he acordado de Manuela Carmena. Yo, como el alcalde Almeida, he pensado que “de ver actuaciones anteriores se aprende la cercanía que hay que tener en estos momentos”. Y, por eso, he decidido hacer magdalenas.

Eran las ocho de la mañana. Aunque hechas con tierno amor familiar (obviaré el hecho de que alguna de mis magdalenas se parecía a Joseph Merrick en la película El hombre elefante), creía yo que acometía con dádiva mi media docena de magdalenas de aceite de oliva virgen, con el objetivo de firmar unos Pactos de la Moncloa a media tarde que nos llevara a una sesión de cine nocturno de, sino Howard Hawks, al menos Alfred Hitchcock. Ilusa de mí. A las nueve de la noche ya nadie se acordaba de las magdalenas (¿le pasaría a Manuela lo mismo?) y en esta casa de todos, una noche más, se ha acabado viendo Jackass. Mañana voy a intentarlo con Torrijas y luego a ver qué tal va la geometría parlamentaria.

Por lo demás, sin mucha novedad en nuestro diario de sesiones. La bola del reto audiovisual lanzado en el chat de WhatsApp de la clase de Eleonor, del que hablábamos hace dos días, ha caído al fin en nuestro tejado. Los hermanos T. y L. se grabaron boxeando contra unos punching ball caseros y retaron a nuestra hija a hacer lo mismo. Eleonor, por supuesto, quedó horrorizada y dijo que ella lo que quería era comerse un bote de nata. “Ese tren ya ha pasado, hija mía”, le dije, en un amago de consuelo. Y así fue transcurriendo la mañana hasta encontrar una manera digna de superar el challenge: jugando al tenis en la mesa del comedor. Como somos unos frikis y no podemos dejar de meter nuestras obsesiones ni tan siquiera en los asuntos de Eleonor con sus amigos, el vídeo terminaba con Alberto vestido de Darth Vader, echando una bronca en plan “me ha fallado usted por última vez, Almirante”. En estos días, muchas familias no saben que citan a Lord Vader cuando dicen estas frases que tanto hemos escuchado durante la cuarentena: “Tal vez puedas encontrar nuevas formas para motivarlos”, “Vuestra carencia de fe resulta molesta” y,  la mejor de todas, que también vale para el Gobierno: “Yo estoy cambiando las reglas del trato, reza porque no las cambie otra vez más adelante”.

Con la satisfacción del reto cumplido, Eleonor retó a su compañera V. a que hiciera deporte en casa. El resultado fue espectacular: V. haciendo steps con la trona de madera de su hermana pequeña, saltando en el salón, recorriendo el pasillo ida y vuelta en patinete y algunos pasos de zumba. Al finalizar, V. ha retado a O. (la niña a la que le cantaron cumpleaños feliz por videoconferencia día atrás) a hacer una coreografía. Eso es fácil, el verdadero reto lo tienen los padres de O., que al parecer ya están temblando, pues el vídeo de V. era una superproducción cinematográfica que podría llevarse el Goya al Mejor Video Casero de Challange Infantil en Cuarentena. Los padres de V. son realizadores de televisión, eso también hay que decirlo. En fin, la historia no acaba aquí. Los estaré vigilando tan cerca como ellos me vigilan a mí…

140.510 casos confirmados de COVID-19 en España. 680.712, en Europa. 1.214.973, en el mundo. En España estamos mal pero no vamos a peor. Como diría Darth Vader: “Esto es un asunto personal y terminará con mi satisfacción”.

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