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Ola reaccionaria en las aulas: “Cada día oigo más ‘Viva Franco’ y ‘Arriba España'”

Aulas

Laura Galaup / Paula del Toro

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Mar volvió a dar clase en un instituto tras seis años sin pisar un centro educativo público. En ese retorno a las aulas, recuerda la sorpresa que se llevó al entrar en contacto con algunos de sus nuevos alumnos. “Vi un cambio espectacular. Un montón de niños hablaban de Franco sin saber quién era, iban con banderitas de España hasta el cuello y decían que eran españoles, muy españoles y que con Franco se estaba mejor”, recuerda esta docente que en los últimos años ha pasado por varios municipios de la Comunidad de Madrid. 

El asombro de Mar no es una novedad. Es un tema que ocupa parte de las conversaciones del profesorado, tanto en charlas distendidas en el recreo como tomando cañas con sus amigos y familiares. El discurso ultra que ha penetrado con fuerza en la sociedad y en el Congreso de los Diputados también ha permeado en los institutos públicos y ha seducido a un sector de la juventud.

El argumentario de estos jóvenes, según los docentes consultados por elDiario.es, exalta la bandera, defiende el nacionalismo español y recoge comentarios homófobos; además, confronta a los profesores con argumentos antifeministas y negacionistas de la violencia de género. En algunos casos, los mensajes que escandalizan al profesorado tienen reminiscencias franquistas e incluyen, incluso, alabanzas a la dictadura. “Cada día oigo más frecuentemente ‘Viva Franco’ y ‘Arriba España”, cuenta Laura, profesora de un instituto de Jaca (Huesca). 

Aumento de la identificación con Vox

Estos comportamientos, que empezaron “siendo residuales”, se han ido extendiendo en algunas aulas. “Hace unos años era impensable”, asegura la docente aragonesa. Antes de que irrumpiese esta ola entre un sector de la juventud “podía haber alumnos franquistas, pero no se manifestaban”; sin embargo, el eco que estos mensajes están consiguiendo entre su alumnado le “alarma muchísimo”. Eso sí, los entrevistados advierten que los alumnos no están solos en sus reivindicaciones; encuentran apoyo entre sus padres y otros docentes.

En los últimos años, coincidiendo con la normalización y el blanqueamiento de un discurso ultraderechista que niega la violencia de género, los docentes han detectado en las aulas un fuerte rechazo a la palabra feminismo. El impacto de estos postulados en una nueva generación se observa en el CIS. Si en 2019 el 3,8% de los jóvenes que tenían entre 18 y 24 años consideraban que Vox era el partido más cercano a sus ideas; cuatro años después, en el último sondeo publicado el pasado jueves, ese parámetro se ha triplicado (12,4%). De hecho, esa franja edad es en la que la formación de Santiago Abascal consigue más seguidores. 

Para estos jóvenes la simbología franquista no significa lo mismo que para nosotros. Tienen 40 años menos. Lo ven fuera de contexto

Mónica Cornejo profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense

El partido de ultraderecha se mueve muy bien en los nuevos espacios en los que los más jóvenes se informan y se entretienen. “Es el partido que tiene más éxito en TikTok”, indica la investigadora Naira López Cañellas, que ha publicado un trabajo académico sobre los los peligros de subestimar a esta plataforma. En esta red social se “premia” el formato “corto” e “incendiario”. Un lenguaje que manejan en Vox. Se centran en una “experiencia personal”, donde se cuenta una anécdota puntual y de ella se hace “algo más grande”, detalla.

Es habitual y frecuente que los docentes se encuentren defensores de la formación de ultraderecha. “Es un sentir generalizado, no solo entre los jóvenes, también entre los adultos. El otro día también me pasó cuando estaba trabajando con presos”, cuenta el profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León Enrique Javier Díez. Entre las anécdotas que relata recuerda lo sucedido en un centro educativo mientras impartía una docencia sobre igualdad. Unos chicos que no tenían ni 11 años le replicaban hablando de “feminazis” e ideología de género, a la vez que reivindicaban su simpatía por Vox. “Estoy convencido de que no sabían lo que era la ideología de género”, reseña. 

El 'Cara al Sol' en el instituto

El incremento de un antifeminismo entre los jóvenes ha sido alertado hace unos días por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud en Madrid. En un informe publicado el pasado miércoles constataron que el 44,7% de los hombres jóvenes sostienen postulados machistas. Pedro, que da clase a alumnos con dificultades de aprendizaje en un instituto en Ibiza, cuenta que este discurso, “muy de extrema derecha” que ha llegado a las aulas mezcla asuntos “que parecen inconexos”. Entre ellos, España, la bandera y el feminismo. Se ha encontrado con alumnos a los que este último concepto no solo les provoca rechazo, sino que “directamente les genera odio”. En temas referentes al colectivo LGTBI también observa “un retroceso muy fuerte”.

En mi generación mucha gente cuestiona el movimiento feminista. Aunque no son mayoría, todavía hay chavales que dicen ‘ni machismo ni feminismo

Lucía estudiante de 18 años

Cristina, jefa de estudios de un instituto del norte de Madrid, cuenta la insistencia de sus alumnos por colocar “la bandera de España en todos lados”. En la misma autonomía, Javier también ha detectado la incursión de “un discurso muy rancio” en un sector de su alumnado. Entre las anécdotas que relata, detalla cómo ha tenido que llamar la atención a algunos estudiantes por realizar “saludos con la mano en alto” o por “cantar el ‘Cara al Sol” en el centro. 

En un instituto de Arriondas (Asturias), Mercedes ha escuchado el himno falangista entre su alumnado. “Lo cantan, pero no saben lo que es”, reconoce. En conversación con elDiario.es, explica que se ha llevado una sorpresa al volver a oír esta melodía en un centro educativo. Hacía años que no la escuchaba entre gente joven. Eso sí, reconoce que es una actitud puntual. No es frecuente encontrarse con la melodía del Cara al Sol en los pasillos de su instituto. “Son los menos”, añade, sobre los alumnos que se decantan por tararear esta letra en clase.

Los docentes entrevistados no coinciden al determinar qué acontecimiento ha marcado un punto de inflexión para que tanto estos comentarios como los discursos que niegan los postulados feministas se hayan hecho un hueco diario en la conversación diaria de los centros educativos: unos apuntan a la huelga feminista de 2018, otros a la irrupción de Vox y también se cita la victoria de la selección española en el mundial de fútbol de 2010.

“Cada vez somos más los que pensamos así”

Antonio (nombre ficticio) tiene 18 años, vive en Madrid. Desde que estaba en el instituto le empezó a interesar la política y siempre se ha visto con la libertad de expresarlo en clase, sobre todo cuando sus compañeras se identificaron abiertamente como feministas. Define sus ideas como “tradicionalistas y conservadoras” y con los partidos que más se identifica son Democracia Nacional y la Falange. Asegura que no es el único de su círculo cercano: “Cada vez somos más los que pensamos así”. 

En una actividad de clase, algunos alumnos nos preguntaron, ¿y Falange? Es que yo quiero votar a Falange

Laura docente de un instituto en Jaca (Huesca)

“Es una minoría que antes no veías”, señala Laura sobre alumnos como Antonio. En su instituto hace unos días realizaron una simulación de unas elecciones. Aunque se optaron por “partidos políticos imaginarios”, finalmente también se mencionaron algunos que sí que existen y ahí fue cuando la docente aragonesa se sorprendió al escuchar la petición de algunos jóvenes: “Nos preguntaron, ¿y Falange? Es que yo quiero votar a Falange”. 

Para estos jóvenes, la simbología franquista y falangista no tiene la misma trascendencia que para algunos de sus profesores, que nacieron en la última etapa de la dictadura. Así lo ve Mónica Cornejo, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). “Para ellos no significa lo mismo que para nosotros. Tienen 40 años menos. Lo ven fuera de contexto”, apunta. 

Otro factor a tener en cuenta para analizar este fenómeno es la “psicología endógena del adolescente”: llevar la contraria y escandalizar. “Lo más antisistema es ser de derechas”, explica Javier. Entre los testimonios recabados por los docentes, identifican que hay cierta provocación entre los alumnos que defienden postulados ultras o niegan la violencia de género. Aunque Pedro ha identificado esa tendencia, advierte a su vez que “a algunos” sí que los ve “convencidos”.

Discusiones en las aulas

“Si van a conseguir escandalizar con una cresta rosa en la cabeza, se la van a poner. Si lo van a lograr con un pin que ponga España y un símbolo falangista, mejor, así no tienen que hacerse nada en el pelo”, apunta la docente de la Complutense. Actualmente, ser de Vox “es ser el malote en clase y ser provocador”, indica el profesor de la Universidad de León, que sostiene que esta nueva generación sustituye a los alumnos que hace varias décadas se reivindicaban como heavies o punkies.

La juventud actual también “está abriendo caminos” en temas como las identidades sexuales y de género. “Expresan su propio género de manera más diversa que en tiempos pasados

Nuria Alabao antropóloga especializada en intersecciones entre extrema derecha y género

Frente a unas compañeras que “tienen más formas y modelos para ser mujer”, algunos jóvenes han asumido “un modelo de masculinidad más tradicional para cerrarse a una seguridad en estos tiempos de inestabilidad identitaria propia de la adolescencia”, subraya Nuria Alabao, antropóloga especializada en intersecciones entre extrema derecha y género. A la par que discursos antifeministas, la juventud actual también “está abriendo caminos” en temas como las identidades sexuales y de género. “Expresan su propio género de manera más diversa que en tiempos pasados”, indica. 

Esta diversidad de posicionamientos se palpa día a día en las clases. Lo cuentan los profesores, pero también las alumnas. Ellas se reconocen como las nuevas generaciones de un movimiento feminista “necesario y muy importante para conseguir la igualdad”, mientras sus compañeros de clase las tratan de “exageradas y mentirosas”. Lucía tiene 18 años y, tanto en su instituto en Madrid como ahora en la Universidad, siempre se ha encontrado con comentarios machistas por parte de sus compañeros: “En mi generación mucha gente cuestiona el movimiento feminista. Aunque no son mayoría, todavía hay chavales que dicen ‘ni machismo ni feminismo’. Cuando hemos debatido en clase sobre estos temas hay chicos que se limitan a poner malas caras y llamarnos pesadas”.

Enma (17 años) recuerda que hace unos días en su clase de Bachillerato de Artes el profesor tuvo que parar un debate: “Estábamos charlando tranquilamente sobre el tema cuando un grupo de chicos comenzó a gritarnos que tendríamos que haber vivido en el siglo pasado para ver lo que vivían realmente las mujeres, y no ahora, que ‘deberíamos agradecer cómo vivimos’... Dos minutos después alardeaban de que van a votar a Vox por sus políticas contra los derechos de las mujeres”.

Consenso en que la violencia de género es un problema social

“Cuando las chicas comenzaron a sacar sus discursos feministas en clase, los chicos nos empezamos a informar en defensa propia. Buscamos argumentos sólidos para combatir esa idea porque pensamos que puede poner en peligro nuestras libertades y perpetuar las desigualdades”, replica Antonio. Desde los 15 años, y ante la mirada crítica de sus compañeras, no ha dudado en posicionarse en este tema ante el resto de su grupo de clase.

En el momento en el que mi profesora dijo que le parecía una vergüenza que Vox quisiese eliminar la ley de violencia de género, yo tuve que saltar. Considero que es una ley sexista y anticonstitucional. Los chicos de mi clase me animaban y aplaudían

Antonio estudiante de 18 años

Ahora está en la universidad, y aún recuerda el día en el que decidió debatir con su profesora de Historia sobre si la Ley de Violencia de Género debía derogarse o no: “En el momento en el que mi profesora dijo que le parecía una vergüenza que Vox quisiese eliminar la ley, yo tuve que saltar. Considero que es una ley sexista y anticonstitucional. Los chicos de mi clase me animaban y aplaudían”. Aun así, no se siente a gusto con las posturas de Vox por ser “tradicionales pero de mentira”. 

Los datos demuestran esta creciente percepción negacionista entre los hombres adolescentes, asumiendo el feminismo como un movimiento que les daña y les señala. Según el estudio ‘Culpables hasta que se demuestre lo contrario. Percepciones y discursos de adolescentes españoles sobre masculinidades y violencia de género’ del Centro Reina Sofía de Fad Juventud, el 44,7% de los hombres jóvenes sostienen postulados machistas. 

Esta investigación, que se ha realizado entrevistando a adolescentes, revela que hay nuevas percepciones sobre la desigualdad de género y la violencia machista entre los chavales como “el sentimiento de ser las verdaderas víctimas” porque el feminismo de ahora les ha colocado “en una situación de inferioridad y vulnerabilidad respecto de las mujeres, donde se les criminaliza y silencia sus opiniones”. Con todo, estos resultados también destacan que el 46,4% de jóvenes se considera feminista frente a un 41,8% que dice no serlo.

El problema principal es que no lo estamos combatiendo. Estamos tan cargados de trabajo que estos temas se nos escapan. Las administraciones dan prioridad a impresoras 3D o bilingüismo, que son temas importantes; pero dejan de lado la educación social

Cecilia profesora de un instituto de Madrid

Este trabajo también arroja conclusiones positivas, como que hay un consenso mayoritario en que la violencia de género es un problema social muy grave (74,2%). Al analizar estos datos, Alabao sostiene que si “se codifica en términos muy políticos”, como puede ser el feminismo y el antifeminismo, los jóvenes “pueden tener posiciones ambiguas”; sin embargo, si se “habla de problemas concretos”, como la violencia de género, “los chavales no tienen posiciones reaccionarias”.

Argumentos “muy simples”

El argumentario al que hacen frente los docentes entrevistados está basado en “discursos muy simples” en el que gran parte de los alumnos no consiguen profundizar cuando sus profesores rascan un poco más. “Muchas veces no saben lo que están diciendo”, coinciden en responder varios entrevistados. 

¿Cómo se combate en los institutos esta ola reaccionaria? No hay una pauta común. Algunos entrevistados confiesan que en sus centros, y por orden de la dirección, no se entra en estos debates por temor a la reacción de los padres. En otros casos, se reconoce que ante el exceso de trabajos “este tipo de temas se escapan”. “No nos queda tiempo”, explica Cecilia, que da clase en la Comunidad de Madrid. Ante esa falta de dedicación a este asunto, lamenta que las administraciones prioricen temas como “impresoras 3D o bilingüismo, que son temas importantes; pero dejen de lado la educación social”. 

El cambio cultural es muy lento". El asentamiento del feminismo y la garantía de los derechos sexuales "no va a ocurrir sin que la otra parte" intente que no se alcance. "Es un tira y afloja que dura décadas

Mónica Cornejo profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM

En el caso del centro en el que trabaja Mercedes sí que se aboga por abordar estos asuntos. Con pedagogía, e intentando “relajar la tensión”, trata de que sus alumnos “analicen si realmente las reivindicaciones del feminismo van contra los hombres”. En estas clases se encuentra con respuestas “agresivas” por parte de los alumnos porque “se sienten atacados” al comenzar a abordar este asunto. Poco a poco, con pequeñas tareas y trabajos en los que anima a que consulten a sus madres o abuelas si han sufrido discriminación o si han sido acosadas, algunos alumnos empiezan a “darse cuenta”. “Cuando les toca de cerca es cuando lo ven”, concluye. 

Sobre la evolución del feminismo, la profesora de la Complutense explica que “el cambio cultural es muy lento”. El asentamiento del feminismo y la garantía de los derechos sexuales “no va a ocurrir sin que la otra parte” intente que no se alcance. “Es un tira y afloja que dura décadas”. En esa transformación, “cabe esperar momentos históricos de receso”. Y alerta: “Hay que estar atentos porque durante esas etapas se puede perder, pero también se puede aprender y se puede mejorar”.

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