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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

El COVID-19 y la contaminación ambiental

La contaminación cae un 55% durante la alarma por Covid-19, según Ecologistas

Julen Rekondo

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La reducción del tráfico consecuencia de las medidas para atajar la epidemia de coronavirus en el Estado español ha traído como consecuencia una reducción drástica de la contaminación en el aire de las 24 principales ciudades, entre ellas Bilbao, Donostia-San Sebastián y Vitoria-Gasteiz. Las mediciones a 31 de marzo estaban un 55 % por debajo de la media de la última década, según los datos recopilados por Ecologistas en Acción.

La organización ha revisado los datos de polución atmosférica de 24 urbes: Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla, Zaragoza, Gijón, Oviedo, Palma de Mallorca, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Santander, Valladolid, Barcelona, Alicante, Valencia, A Coruña, Vigo, Madrid, Murcia, Pamplona, Bilbao, Donostia-San Sebastián y Vitoria-Gasteiz. En total, estas ciudades aglutinan a más de 13 millones de personas.

El descenso de los niveles de contaminación del aire respecto a las mismas fechas durante la última década en el caso de las ciudades del País Vasco, es de un 54 % en Vitoria-Gasteiz, un 41 % en Donostia-San Sebastián y un 40 % en Bilbao. Mientras que las dos principales ciudades del Estado español en número de habitantes, Madrid y Barcelona, que han arrastrado niveles excesivos (incluso por encima del umbral legal) han registrado caídas muy significativas: un 56 y un 64 % respectivamente.

El dióxido de nitrógeno (NO2) es el contaminante típico emitido por los tubos de escape de los automóviles, por lo que su evolución está directamente ligada a las emisiones del tráfico motorizado, siendo el principal factor que influye en la calidad del aire urbano, y, por tanto, es el mejor indicador de la repercusión de las restricciones de la circulación en el aire que respiramos. Los niveles de NO2 registrados durante el estado de alarma son los más bajos para la segunda quincena del mes de marzo de la última década en todas las ciudades analizadas. Se mantienen, además, muy por debajo del valor límite y la guía anual de la OMS, cuando en las estaciones de tráfico dicho umbral se supera frecuentemente en el mes de marzo, según Ecologistas en Acción. 

El dióxido de nitrógeno es un gas irritante que agrava las enfermedades respiratorias, merma la resistencia a las infecciones y agrava ciertas patologías, por lo que su drástica reducción es una buena noticia, en el contexto de emergencia sanitaria. Además, este gas está relacionado con la formación de lluvia ácida.

Hoy en día, la contaminación atmosférica causa alrededor de 20.000 muertes al año en el Estado español, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, y 400.000 en Europa. 

Esta bajada de la contaminación atmosférica, se ha dado especialmente en los países desarrollados, debido a las medidas de confinamiento y a la reducción de la actividad económica.  China para empezar, especialmente en las zonas donde el confinamiento de la población ha sido más estricto, así como en Corea del Sur. También la región industrial del norte de Italia, muchas otras grandes ciudades del mundo como Nueva York o Los Ángeles en Estados Unidos, y en las ciudades vascas y en resto de las ciudades de la península Ibérica.  

La crisis de la enfermedad COVID-19 demuestra que la reducción del tráfico motorizado es el mejor instrumento para rebajar la contaminación atmosférica en las ciudades y en los municipios más importantes, aunque en el momento actual se ha dado en el marco de una situación dramática, con miles de muertos, enfermos y graves problemas a muchísimas personas.

De todas formas, hay que tener en cuenta el llamado efecto rebote en las emisiones, muy bien estudiado. Analizando otras crisis, las grandes caídas del dióxido de nitrógeno (NO2) en el caso de la contaminación atmosférica, o del dióxido de carbono (CO2) -principal gas responsable del cambio climático-, han coincidido con los periodos de crisis. Así, por ejemplo, en la recesión global de 2008-2012 se apreció una bajada impresionante de ambos contaminantes, y pocos años después se volvió a las 'andadas'.

Lo que no sabemos es con que intensidad se producirá, pero todo apunta a que sobrepasaremos los niveles de contaminación anteriores al coronavirus de manera progresiva, aunque un cambio es posible y factible. Pero el gran hándicap es que los que mueven la economía mundial van a hacer lo posible para crecer económicamente a muy corto plazo sin importarles gran cosa el medio ambiente y la contaminación, y volver a potenciar un consumismo desenfrenado. Ojalá me equivoque, y la lección aprendida durante esta pandemia, nos lleve a tomar medidas alternativas que apuesten por introducir una economía más sostenible.

Deberíamos aprender y sacar enseñanzas de esta experiencia. Una de ellas, es que cuando estamos contra las cuerdas somos capaces de reaccionar con todo lo que hace falta. Una cuestión importante, es que la pandemia provocada por el COVID-19, debería ser un ensayo en la lucha contra el cambio climático, que no tiene el impacto rápido e instantáneo que está teniendo este virus, pero se va a cobrar millones de vidas más que esta pandemia y no estoy hablando de en 100 años. Hemos aprendido que la humanidad necesita adaptarse a otra forma de vida, y, sobre todo dar un giro radical en todos los aspectos relacionados con la generación de energía, con la movilidad, con la manía de estar viajando todo el tiempo, con el modelo de producción, con el consumo de bienes, etcétera. Esta crisis es una oportunidad para modificar hábitos, para asegurar un futuro digno a nuestra especie y a nuestra relación con el planeta.

Por otra parte, es necesario recordar que, si seguimos presionando los ecosistemas naturales con un consumo exacerbado de recursos y territorio, podemos acercarnos a focos de contagio. Podemos perder la capacidad de resistir el embate de eventos climáticos extremos. 

En mi opinión, queda patente que la sociedad tiene capacidad de reacción ante fenómenos extremos. ¿Tendremos que esperar a los efectos más duros del cambio climático para reaccionar?

No hay que olvidar, que el coronavirus se propagó a través de la actividad de los mercados mundiales, y ahora si somos listos deberíamos intentar responder a esta crisis, cambiando de rumbo, y de esta forma, podremos enfrentarnos a futuras y desafiantes pandemias como la del coronavirus y a la otra gran pandemia que ya nos amenaza desde hace años llamada cambio climático.

Ojalá sepamos aprovechar la oportunidad.

*Julen Rekondo, experto en temas ambientales, Premio Nacional de Medio Ambiente y Premio Periodismo Ambiental de Euskadi 2019

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